Algún día yo también quiero escribir una canción así. Me encantaría ser compositora.
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Estoy sufriendo bastante la falta de danza y teatro, dos actividades que hago desde siempre y que este año no hice. Son cosas que disfruto, que me relajan y a las que estoy acostumbrada. Ya decidí que el año que viene empiezo de nuevo, sí o sí.
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Un ejemplo? Tarde de noviembre, fines del 2009. Estaba con mi mamá yendo a comprar mi vestido para la fiesta de egresados. No voy a entrar en detalles, la cuestión es que mi mamá sacó plata del banco, unos tipos nos siguieron hasta un negocio vacío, y cuando yo estaba adentro del probador, a punto de empezar a probarme vestidos, amenazaron a mi mamá con una pistola y se llevaron toda la plata. El punto es que yo cuando yo estaba en el probador, escuché gritos, y asomé la cabeza. No entendí mucho hasta que vi al hombre sacar la pistola. Era negra y ancha, es lo único que me acuerdo. Y desde ahí los recuerdos son borrosos. Lo único que sé es que no pensé en nada. Mágicamente, mi mente se volvió un robot, una computadora que funcionaba automáticamente: me volví a poner la remera y con toda calma salí del probador y me paré al lado de mi mamá, en silencio. Ella lloraba. El tipo, con la pistola en la mano, ni siquiera me miró, sólo gesticulaba. Y al final tomó la cartera de mi mamá con todas sus cosas y se fue junto con el otro chabón. E incluso después de eso, tardé unos minutos más en que me caiga la ficha. Sólo abrazaba a mi mamá y le decía "Ya pasó, ya pasó". Y cuando al fin me di cuenta, ahí sí: empecé a temblar y pasé llorando el resto del día. Probablemente es el recuerdo más horrible que tengo.
Pero a lo que quiero llegar es que, sin embargo, tuve el valor inconsciente de salir del probador, donde nadie sabía que estaba, y llegar hasta mi mamá. ¿Por qué lo hice? Ni idea. Pero lo hice, y estoy orgullosa. Cosas parecidas pasaron en otros casos: cuando me robaron, a mí sola, a mediados del año pasado, y tuve la calma de sacar tranquilamente la tarjeta de Subtepas y el carnet de Osde de la billetera antes de entregársela, junto con el celular, a los wachines que caminando a mi lado amenazaban con matarme. O cuando nos perdimos con Dani y Flor Rubia; aunque estaba asustada, no entré en pánico y simplemente busqué la manera de resolver la situación, con Flor riendo y Dani llorando.
Que loca es la vida.
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Bueno, me voy a dormir. Tengo sueño, mi hermano está jodiendo y mañana tengo tango.
Un beso.
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