Bueno, espero que esta entrada sea aprovechada igualmente por mí como por mi pequeña pero no por eso no apreciada cantidad de lectores.
Decidí reunir acá poemas de todo tipo y autor que tienen en común que me gustaron mucho, por diversas razones. A mí me gusta tenerlos reunidos en un solo lugar porque así facilito mi acceso a ellos. Leer cada uno de estos poemas me produce una sensación especial y diferente, pero en todos los casos agradable.
A mí personalmente me resulta difícil encontrar textos que me produzcan este tipo de placer, así que los comparto con ustedes, esperando que sepan apreciarlos y que, en un caso improbable y casi idílico, les genere la misma gratificante sensación de inmensidad que me generan a mí.
1) Coincidir
Anónimo.
Este poemita lo leí por primera vez hace mucho mucho, yo debía tener alrededor de 10 años, estaba impreso en un señalador de esos que te regalan cuando comprás un libro. Lo leí, me encantó, y me lo aprendí de memoria. Incluso le inventé una melodía. Ahora sé que éste no es el poema completo, pero después de haberme enamorado de esta versión, el texto total me produce cierto rechazo, así que les dejo la que me gustó a mí. La idea que transmite y como está expresada, es inmensa, y maravillosa, y real.
Soy vecino de este mundo por un rato
y coincide que también tú estás aquí.
Coincidencias tan extrañas de la vida
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio...
y coincidir.
2) Dolor
Alfonsina Storni
Ésta la leí hace un par de meses para el colegio, y me gusta mucho. Creo que es sobre todo la imagen que se me forma en la cabeza, me traslada a un lugar tranquilizadoramente perfecto, me produce una sensación de inocencia y calidez y calma y consuelo. Creo que mi subconsciente lo identifica con las playas de Uruguay, donde pasé momentos realmente felices, como por ejemplo cuando era chica y allí era feliz, lisa y llanamente feliz. Cuando lo leo me relajo y me siento consolada, me hace sentir que la vida es simple y que no existen los problemas.
Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.
sentirme el olvido perenne del mar.
3) Oficio
Juan Gelman.
Este poema me parece simplemente fascinante. No me canso de leerlo una y otra vez. Es muy ingenioso, el vocabulario es agradablemente cotidiano, y las metáforas son alcanzables y profundas. Especialmente porque en mi caso logra que "el yo lírico se identifique con el lector". El sentimiento de identificación que me produce... no lo puedo describir, es un placer inmenso.
Cuando al entrar al verso me disloco
o no cabe un adverbio y se me quiebra
toda la música, la forma mira
con su monstruoso rostro de abortado,
me duele el aire, sufro el sustantivo,
pienso qué bueno andar bajo los árboles
o ser picapedrero o ser gorrión
y preocuparse por el nido y la
gorriona y los pichones, sí, qué bueno,
quién me manda meterme, endecasílabo
a cantar, quién me manda
agarrarme el cerebro con las manos,
el corazón con verbos, la camisa
a dos puntas y exprimirme,
quién me manda, te digo, siendo Juan
un Juan tan simple con sus pantalones,
sus amigotes, su trabajo y su
condenada costumbre de estar vivo,
quién me manda andar grávido de frases,
calzar sombrero imaginario, ir
a esperar una rima en esa esquina
como un novio puntual y desdichado,
quién me manda pelear con la gramática,
maldecirme de noche, rechinar
fieramente, negarme, renegar,
gemir, llorar, qué bueno está el gorrión
con su gorriona, sus pichones y
su nido, su capricho de ser gris,
o ser picapedrero, óigame amigo,
cambio sueños y música y versos
por una pica, pala y carretilla.
Con una condición:
déjeme un poco
de este maldito gozo de cantar.
o no cabe un adverbio y se me quiebra
toda la música, la forma mira
con su monstruoso rostro de abortado,
me duele el aire, sufro el sustantivo,
pienso qué bueno andar bajo los árboles
o ser picapedrero o ser gorrión
y preocuparse por el nido y la
gorriona y los pichones, sí, qué bueno,
quién me manda meterme, endecasílabo
a cantar, quién me manda
agarrarme el cerebro con las manos,
el corazón con verbos, la camisa
a dos puntas y exprimirme,
quién me manda, te digo, siendo Juan
un Juan tan simple con sus pantalones,
sus amigotes, su trabajo y su
condenada costumbre de estar vivo,
quién me manda andar grávido de frases,
calzar sombrero imaginario, ir
a esperar una rima en esa esquina
como un novio puntual y desdichado,
quién me manda pelear con la gramática,
maldecirme de noche, rechinar
fieramente, negarme, renegar,
gemir, llorar, qué bueno está el gorrión
con su gorriona, sus pichones y
su nido, su capricho de ser gris,
o ser picapedrero, óigame amigo,
cambio sueños y música y versos
por una pica, pala y carretilla.
Con una condición:
déjeme un poco
de este maldito gozo de cantar.
Bueno, espero que esta lectura les haya servido de algo. Si encuentro más poemas publicaré otra entrada.